Descubre por qué cambiar la palabra «fracaso» por «intento» puede liberar tu emprendimiento y ayudarte a avanzar sin miedo.Pero antes de empezar comousarapps.com plataforma educativa donde encontraras cursos prácticos para la creación de contenido con inteligencia artificial, cada mes compartimos un nuevo curso son clases prácticas y directas al grano.
Hablemos de intentar en lugar de fracasar
Hoy quiero compartir desde mi experiencia lo que hago cuando escucho esa palabra que casi todos evitamos: fracaso. Esa que cuesta pronunciar, que paraliza y frena la ilusión de arrancar un camino propio. Pero quiero que la cambiemos juntos por una palabra más amable: intento.
¿Por qué tantas veces no arrancamos un proyecto?
Veo esto mucho en el mundo del emprendimiento: gente con ideas brillantes que no se lanza, no arranca, simplemente por el miedo a que no salga. No es solamente falta de ideas, de tiempo o de recursos: muchas veces es miedo a equivocarse.
Según un estudio, el miedo al fracaso —esa emoción negativa frente a la posibilidad de no lograr una meta— aparece como un obstáculo serio para emprender. Este “qué pensarán”, “y si no funciona”, “me han dicho que ya lo intentaron otros” hace que muchas veces el emprendimiento quede en una idea guardada.
Cambiando el chip: del “fracaso” al “intento”
Yo prefiero decir: estoy intentando. Porque cada intento es un paso hacia adelante. Es una experiencia que me enseña algo. Y justamente lo que relato: cuando era adolescente, medía solamente un metro setenta y quería jugar al basket (allí lo llaman “basket” o “basquet”). Muchos suponían que por mi altura no iba a poder. Pero yo decidí entrenar: me levantaba temprano, iba al club de mi barrio, paraba en la línea de tres puntos y tiraba y tiraba. Con sudor, con muchas horas bajo el sol de Tucumán.
Era consciente de que no iba a meter todos los tiros. Pero cada intento me acercaba un poco más. Y un día, en una selección, pasaron los meses de práctica y sí, comencé a meter cada vez más. Ese proceso me dejó una enseñanza: la obsesión por practicar, por perfeccionar algo que te importa, puede hacer la diferencia.
El emprendimiento como aprendizaje constante
En emprendimientos online, digitales, proyectos propios —los que más hablamos— el escenario es similar. No esperes que todo salga bien desde el día uno. En lugares como EE.UU. o Brasil, equivocarse es parte natural del proceso y se lo valora. Acá también deberíamos entenderlo así.
Por ejemplo: conozco a gente que no se queda en “voy a lanzar un producto digital perfecto”. No. Lanzan 10 productos distintos, ven cuál funciona, aprenden de cada uno, iteran. Ese enfoque del “muchos intentos” me encanta porque reduce el miedo: no se trata de tener un solo disparo, se trata de muchos.
¿Y si tu emprendimiento no va bien? ¿Qué hacemos?
Exactamente como cuando un niñ o aprende a andar en bici. Lo subís, le quitás las rueditas, se cae. ¿Qué hace? Se levanta, se sacude, sigue. Al final camina sin rueditas. En los negocios pasa igual: la caída no es motivo de vergüenza. Es parte del camino.
Los estudios lo confirman: el emprendedor que entiende el “fracaso” como parte del proceso, que analiza qué salió mal, qué puede mejorar, qué debe cambiar —ese emprendedor tiene mayor probabilidad de volver a intentarlo y mejorar.
¿Por qué aplaudir a quienes lo intentan?
Cuando escuches que alguien arrancó tres negocios y ninguno prosperó, no lo veas como “falló”. Míralo con admiración: esa persona se animó. Gracias a gente así hay innovación, hay nuevos productos, servicios, ideas que mejoran vidas. Valorémoslo. A quienes no se rinden. A quienes siguen aprendiendo.
Y si estás en ese punto justo ahora, que te paraliza el miedo, te lo digo con convicción: empieza ahora. No esperes que todo sea perfecto. Hacé el primer intento. Luego otro. Y otro. Cambiá “no lo hago porque puede salir mal” por “lo hago, vamos a ver qué pasa, qué aprendo”.
Nos escuchamos en el próximo episodio, curso, texto. Gracias por estar aquí, gracias por suscribirte, por valorar, por hacer este proyecto sostenible. ¡Hasta la próxima!
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